Manda a todos al carajo… El impacto negativo en el rendimiento deportivo debido a la cultura del resultado.

 

 

Mediados de años y con ello inician las etapas de competencia en nuestro país, eventos clasificatorios, campeonatos regionales, estatales y nacionales, muy de la mano también, la agenda del psicólogo deportivo se llena cada vez más conforme se acerca esta etapa; el motivo de consulta, "ansiedad", una consulta antes del evento y listo, como nuevo el deportista.

 

Ojalá tuviéramos la llave mágica para que en una sola sesión de trabajo pudiéramos impactar de tal forma que el deportista pudiera controlar todos los síntomas de ansiedad y hacer en la competencia lo que las expectativas de ellos, entrenadores y padres de familia plantean.

 

Recordemos que el objetivo de la psicología deportiva es precisamente que el deportista sea capaz de mostrar la mejor ejecución dentro de sus posibilidades y no el ganar todas las competencias; y es que este es el punto medular de este artículo, en la entrevista inicial, se percibe la necesidad de ganar, ya sea del entrenador, de los padres y por ende del deportista en cuestión, muy pocos comentarán que le idea de ir a competir es mostrar el desarrollo y la evolución que tuvieron durante el ciclo deportivo y que el resultado es lo de menos.  Por el contrario, ganar, ir a hacer el  papel que permita obtener medalla, puntaje o lugar se tornan como prioritarios, tan es así que en ocasiones deportistas que llegan a clasificar a competencias importantes se les  niega la posibilidad de ir simplemente porque entrenadores consideran que no lograrán un buen lugar  y entonces para que ir pudiendo manchar el estatus o reputación que tanto le cuesta ganar a un entrenador o club durante su carrera, una cuestión de estatus, por encima del desarrollo deportivo, lo que me permite identificar con certeza la gran ansiedad que puede sentir un atleta de cualquier nivel por no cumplir la expectativa de terceros.

 

En un ejercicio realizado por la consultoría Entrenamiento Mental Deportivo en el 2017  para identificar el valor que se dan los atletas a sí mismos ante dos situaciones, nos permitió conocer la forma en la que se ven ellos mismo ante un resultado bueno y uno que se considera no bueno, pues la respuesta es muy simple, cuando los  deportistas obtienen un resultado esperado en la competencia tienden a valorarse en un puntaje alto en una escala de 1 a 10, siendo 9 y o 10 la valoración; sin embargo, la autovaloración que se dan en caso de tener un resultados donde no se coloquen en los primeros lugares, tiende a ser mucho menor, de 5 hacia abajo. Podemos entender porque después de una competencia la gran mayoría de deportistas ( con excepción de los primeros tres lugares) se sienten tan mal; deprimidos, al grado de querer abandonar la disciplina, de no saber nada, y entonces los padres y entrenadores lo mandan al psicólogo para que les enseñemos a levantarse después de las derrotas; inclusive es tan notorio en entrenamientos y competencias el comportamiento verbal  y no verbal del entrenador, de aceptación cuando las cosas salen bien para el deportista y de rechazo, indiferencia y en ocasiones de desprecio cuando algo no sale como se espera. ¿Cuál es el mensaje que estamos dando al atleta?, si te salen las cosas estoy contigo, de lo contrario soy capaza de sacarte de un entrenamiento; entonces valgo cuando si me salen las cosas y cuando no, no soy digno de tu atención, ahora entiendo la pesadilla que viven los atletas en esos días en los que las cosas no salen; ahora lo entiendo bien.

 

Pero algunos se preguntarán, ¿no es ese el objetivo del deporte competitivo?, ¿el ganar?, ¿el ser el mejor?, pues siendo muy idealista ese sería el objetivo, pero siendo terrenal y con los pies bien puestos en la tierra te diría que no necesariamente, el resultado es producto de muchas cosas, entre ellas, todo lo que se hace en una temporada, desarrollo de fuerza, técnica, estrategia, acompañada de objetivos de nutrición psicológicos y de medicina, todo esto como aspectos que asegurarán el desarrollo deportivo, pero no necesariamente el ganar un lugar en una competencia, ya que el ganar no siempre depende de ti; el desarrollo es una cosa y el resultado es otra, el progreso es necesario para alcanzar el máximo nivel posible y en términos psicológicos, es más importante que el resultado, el cual insisto, a veces ni si quiera depende del atleta. El desarrollo si depende y se controla por el atleta, por el entrenador y por lo tanto necesita ser más valorado que una medalla, lugar, marca o posición.

 

¿Qué estamos haciendo que todos solo piensan en un resultado?, simplemente desvalorar el esfuerzo logrado en el día a día, desvalorar el avance alcanzado de un mes a otro y de desvalorar al atleta cuando algo le falta o no lo pudo conseguir; como entrenadores y padres actuar de  diferente manera cuando le va bien y cunado  no; de mostrar polos totalmente opuestos producto de los logros, ya que cuando estos se dan todo es alegría, aceptación, abrazos, presunción por todos los medios posibles y cuando no, la indiferencia, el reclamo, el castigo, el desprecio,  el nulo contacto físico  o verbal de apoyo es  lo que suele verse.

 

¿Te empieza a quedar claro la fuente de este conflicto?, la raíz del problema de ansiedad que el deportista manifiesta antes de cada competencia, de ese miedo a fallar, del pavor al cometer un error, de esa inseguridad por lo que vendrá después de que las cosas no salen como el entrenador esperaba, es evid